Los tiempos de la Nueva Constituyente y las coyunturas

Para quienes se proponen -como la Nueva Constituyente- hacer un cambio histórico profundo, una de las cuestiones más difíciles de definir es la relación entre los objetivos principales de largo alcance, que son motores de nuestra lucha, con las tácticas para actuar en diversas coyunturas que encienden regiones enteras y a veces tienen alcance nacional. Las distancias entre uno y otro punto son enormes ¿cómo se entretejen?

En esto, el tiempo juega un rol de primer orden. Porque los grandes objetivos requieren pensar en un tiempo de triunfo para alcanzarlos, pero los relámpagos coyunturales a veces requieren de nosotros definiciones inmediatas. Eso, que puede parecer una contradicción, no lo es en realidad. Aquello es parte del desafío de navegar en la lucha y de encontrarnos con otras experiencias y de empaparnos con el descontento y el dolor de nuestro pueblo; pero navegar no a la deriva, sino con un destino definido, irrenunciable.

A veces pareciera que nuestro tiempo es tan lento, que en el peor de los casos, esa percepción nos llevan a renunciar a la pelea. Sin embargo, si miramos las experiencias históricas victoriosas de nuestros pueblos, se alcanza a ver que el tiempo también puede ser distinto, que en un periodo cortísimo se puede condensar todo un cambio de época, todo un proceso de construcción y resistencia que se venía gestando desde hacía tiempo. Las profundas y antiquísimas creencias de los pueblos sobre los cambios de época, del principio y del fin, los sueños de liberación, son parte de este motor de transformación.

Tener el horizonte claro nos ayuda a mezclarnos en y ser parte de los estallidos sociales e incluso a veces -y aún sin quererlo- de los tiempos de la política tradicional, sin perder de vista que nuestro objetivo es de fondo, profundo y el único que sacará a México de la tragedia en la que la sumergieron.

En este texto abrimos una reflexión sobre el tiempo y las relaciones entre los objetivos máximos y las tareas inmediatas del momento. Queremos así contribuir a pensar las relaciones necesarias entre ambas para lograr eso que tanto defendemos: “Refundar el país desde la raíz”.

De acuerdo a lo que hemos dicho, es común en los grupos estar esperando el momento de cambio, de que una crisis acabe con esto. Por eso los grupos se la pasan analizando si es el momento último del capitalismo, si se viene un nuevo ciclo, entre otros vaticinios que lo único que logran es la pasividad y la espera inactiva. El sistema dominante no cuenta entre sus etapas con momentos en los que “nos permitan el cambio”. Por esta razón, y porque no podemos esperar sentados ni depender de las leyes de este sistema económico, tenemos que crear órganos y fuerzas que subviertan dichas leyes desde ahora.

Del mismo modo, no podemos estar sujetos a las grandes crisis que de modo recurrente estallan en nuestro país. No siempre estas crisis traerán cambios, por el contrario en general sólo terminan en dispersión o cooptación. Desde que empezamos a caminar como NCCP, nos han tocado episodios críticos de lucha: Ayotzinapa, la CNTE, San Quintín, Mexicali, los gazolinazos. Entonces, es común que ante tales sucesos se busque formar “grandes frentes”, se enuncie que “ahora sí” debemos llamar a la unidad, y se creen esfuerzos de todo tipo para juntar a lo que hasta ayer parecía irreconciliable. Sin embargo, las coyunturas pasan sin que se trastoque de manera profunda el régimen, aunque puedan darse cambios y algunos logros parciales. Se trata de momentos muy importantes que muestran las potencialidades despiertas en los pueblos, la prueba de dignidad permanente de nuestros hermanos y hermanas, pero que no cambian las formas de explotación y sufrimiento.

Sí tenemos que participar en esas luchas. Confirmar que estamos del lado de quienes sufren y se atreven a luchar. No dejar que mueran, ni hablar desde la soberbia del que cree saber cómo van a terminar las cosas, porque eso paraliza, decepciona y nos quita la esperanza. Si estamos claros que sólo la acción consciente, activa de los pueblos puede cambiar las cosas, no podemos negar que esos estallidos puedan en algún momento llevar a algo mayor, aunque, como dijimos anteriormente sabemos que esos momentos no llegan solos. Si un estallido o un levantamiento popular dan paso a una transformación, sin una organización fuerte y un horizonte común no llegará muy lejos.

Por otro lado, los momentos de la política tradicional dominante se nos presentan como los fundamentales para pensar el cambio. No es casualidad que últimamente todo esté girando en las elecciones presidenciales de 2018. Dentro de las fuerzas opositoras al gobierno en turno, estas se plantean como un momento para hacer campaña, agitar, influir con una postura, llamando a tener un candidatura propia. Parece un buen momento para que se escuche una voz que de otro modo sería silenciada, las reglas del juego conllevan a que si logras registrar a tu candidato tienes acceso a medios, recursos y público para tu campaña. Otros llaman al abstencionismo, al no votar, la frase “no votes, organízate y lucha” es reiterada en cada momento, pero queda vacía de contenido, de perspectiva y de sentido. Otros piensan que es mejor llamar a votar por “el menos peor” y cuando el “menos peor” parece tener posibilidades de triunfo, juzgan cualquier otro llamado de lucha que no llame a su voto como una confabulación en contra del candidato. Casi nunca se tiene en cuenta, que en este último escenario,  ese mal menor puede ser algo más que eso, la válvula de escape de un poder político putrefacto e ilegítimo que precisa de un personaje “neutral” para conservarse.

Lo que hoy pasa coincide con lo expuesto en el párrafo anterior. Tener claridad de qué implica y cómo se relaciona con la NCCP es muy importante. La NCCP trabaja desde la diversidad y eso nos enriquece y nos convierte en algo original. Tenemos diferentes miradas sobre el proceso electoral y sus candidatos, aunque siendo consecuentes con nuestro planteo y nuestro objetivo principal, hasta ahora, hemos decidido no participar ni precipitarnos en las declaraciones sobre unos y otros candidatos.

Sin embargo, tenemos que exponer, al menos por ahora, las siguientes reflexiones con el fin de enriquecer el debate y la reflexión:

Las reglas del juego no permiten un cambio como el que nosotros queremos.

Por ahora, nuestra organización no tiene la fuerza para disputar en ese terreno, sino es a la cola de otros y otras que ya están inmersos en ese juego

La participación en medios y la posibilidad que tengamos de incidir en ellos, serán siempre subordinados a las intenciones de quienes controlan esos espacios y de los candidatos/as. Fundamentalmente las estrategias de quienes dominan el ámbito de la llamada “opinión pública” utilizan el silencio y la invisibilidad, y cuando eso es inviable, recurren a un manejo de la voz a modo, tergiversándola y manipulando para en su momento, volverla a silenciar.

De cualquiera manera, esto no quiere decir que debamos enfrentarnos con quienes apuestan a un cambio desde estas esferas. Sobre todo no podemos enfrentarnos con las bases, con la gente común, que acompaña estos procesos.

Las elecciones en México han dado experiencias de movilización tanto en 2006 y 2012 como también en 1988 y en 1910. Pero en ninguno de los casos han sido ellas las determinantes del cambio, en todo caso -refiriéndonos a 1910- pudieron funcionar como detonadores.

Por lo expuesto antes, tenemos que analizar en específico estas elecciones, teniendo claro que en ellas no se agotan nuestras fuerzas ni son la tarea principal. Debemos pensar más allá de eso, comprendiendo el papel del tiempo en nuestra lucha, no sólo del tiempo entendido como “lo que falta por hacer”, sino también como nuestro porvenir, afirmar y realizar la esperanza liberadora que existe en las creencias de nuestros pueblos. También nos falta definir cuál será nuestra táctica, esto es, el conjunto de pasos, mecanismos y dispositivos que debemos de realizar en el tiempo inmediato para hacer realidad la Nueva Constituyente.

Nuestra esperanza se alimenta de la lucha cotidiana, pero nuestro futuro se fundará en la profunda fe y la consecuente organización que tengamos para el verdadero cambio que queremos.

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2 thoughts on “Los tiempos de la Nueva Constituyente y las coyunturas

  1. Patricia Gutiérrez Otero

    Esta aclaración me parece muy pertinente. El fin que buscamos es lo que nos moviliza, y seguramente también es el que nos mostrará cómo situarnos en este presente con sus hechos y sus momentos cruciales. No es fácil pues cada vez los hechos son más vertiginosos y repercuten más en los medios formales e informales. La velocidad y la cantidad nos pueden engarrotar y no dejarnos ni pensar ni sentir, por eso agradezco que podamos hacerlo juntos. Más cabezas piensan mejor, y más corazones sienten más.
    Por mi parte, estoy asombrada por la cantidad de candidatos independientes que se han lanzado a esta elección. No sé cómo leer esta pasión pues hay gente que me simpatiza como Fdz. Noroña o Alvrz. Icaza e incluso me entusiasma la idea de una «candidata» vocera de los pueblos indígenas. Sigue en pie la pregunta que nadie atina a responder: ¿Cómo y en torno a cuáles mínimos unirnos respetando la pluralidad?

  2. NCCP CHIAPAS

    me parece excelente el artículo, nos da luces para caminar en esta oscuridad que nos confunde, en este silencio que nos hace reflexionar: ¿como y hacia donde debe enrutarse las luchas de los pueblos? Nos llegará un nuevo día, un mundo y un nuevo sol. Saludos desde Chiapas.

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