Volverán hasta vencer – Editorial Semanal NCCP – 30/10/17

“El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al  historiador  que está  penetrado  de  lo  siguiente: tampoco  los  muertos  estarán  seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.”
W.Benjamin.

En México cada 1 y 2 de noviembre celebramos la llegada de nuestras personas queridas que ya han fallecido, preparamos año con año, en nuestras casas, panteones, escuelas, en nuestros lugares de trabajo, los altares frescos con flores coloridas de cempasúchil amarillo y flores de terciopelo fucsia, que se juntan con los variados colores de las frutas y el papel picado que a su vez son envueltos por el aroma atrayente del copal e iluminados por los fueguitos de las velas que marcan el camino.

Para el pueblo mexicano, la muerte puede significar una multiplicidad de cosas, y precisamente en estos días, se deja ver la festividad, lo emotivo, lo alegórico, su significado es muy profundo, porque sabemos que es la continuación de la misma vida,  que año con año mantenemos a través del ritual de la memoria. La muerte no es algo a lo que temer, sino un paso que como hijos de Nuestra Madre Tierra, debemos dar, regresar a ella para continuar existiendo en ella y con ella. A lo sumo, sería de temer el que “la reseca muerte nos encuentre, vacíos y solos sin haber hecho lo suficiente”, como cantara una de las voces más profundas de nuestro continente. La vida y la muerte son parte de un mismo proceso. Y son estas algunas de nuestras raíces más firmes y profundas, a través de las cuales, aspiramos a subvertir el presente, para alcanzar un futuro digno.

Cuando hablamos de refundar la nación sabemos que es una pelea que debemos enfrentar en el presente y que es un esbozo de esperanza. Pero, luchar por el presente, también significa hacerle justicia a quienes nos antecedieron, a aquellas y aquellos que dieron su vida en la pelea por el futuro para esas generaciones que aún no nacían, construir desde ahora el sueño de liberación, cada día de la refundación, desde las asambleas, desde los barrios, desde la comunidad, no sólo es un acto del presente sino es liberar al pasado de las ataduras de la opresión, la dominación y el olvido. No permitir que la muerte de quienes fueron víctimas del Estado, permanezcan impunes, no dejar nunca, que esas pérdidas, hayan sido en vano.

Aunque el Estado criminal nos asesine e intente desaparecernos, seguiremos resucitando en cada sueño de liberación y lucha por el futuro para todas y todos, miles y miles resucitaremos en el continuo regresar de la memoria, ahí estaremos, junto a las abuelas y abuelos que vienen luchando y resistiendo desde hace más de 500 años, que vienen combatiendo desde la independencia y la revolución y que siguen dando la vida contra los proyectos de muerte que nos quieren imponer día con día. Junto a todas ellas y ellos, nuestras fuerzas y nuestros pasos, adquieren otra dimensión, nuestro caminar se llena de historia, nuestros ojos vuelven a atestiguar anhelos pasados, nuestras manos se aprietan, y corren por nuestras venas poderosos recuerdos: nuestros corazones, claman por la victoria, tan anhelada por tantas y tantas generaciones.

Algo es seguro, las miles de mujeres asesinadas, nuestras decenas de miles de asesinados y desparecidos por la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, todos los muertos por enfermedades curables, pero sin acceso a una atención digna o mínima tan siquiera, quienes partieron por no tener qué comer, los mártires y héroes de nuestros pueblos, nuestras abuelas y abuelos, no descansarán, hasta que nuestro presente se ilumine con el pasado, y el futuro, vuelva a ser nuestro.

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