Con el temblor el pueblo mexicano hemos tomado conciencia de nuestra fuerza

Versión Impresa Boletín Semanal 25 de septiembre 2017

El sismo del pasado 19 de septiembre remata los daños causados por el del 7 de septiembre, y los de la memoria latente, adquirida y retumbante de aquel que sucedió el mismo día hace 32 años. El temblor que puso a la tierra de cabeza, también ha puesto la estructura al revés: La población civil, el pueblo organizado es quien dice hoy cómo se hacen las cosas.

Las causas y consecuencias de lo sucedido en esta última semana son claras y evidentes:

 

1- Los sismos no pueden ser evitables ni predecibles, las fallas estructurales del sistema dominante sí.

2- El control de la construcción edilicia y de infraestructura en general es responsabilidad del Estado. La negligencia y complicidad con las empresas constructoras es evidente.

3- El derrumbe de la empresa textil de Chimalpopoca en el centro de la Ciudad de México es prueba irrefutable y criminal de la superexplotación de los pobres, migrantes, mujeres y la mayoría del pueblo a la que estamos sometidos por parte de la colusión de intereses entre las grandes empresas y el Estado mexicano.

4- La búsqueda inmediata de personas y poner la vida ante todo, debiera ser obligación del Estado. Ante su ausencia e impunidad, el pueblo mexicano se levantó para enseñarle al mundo lo que significa humanidad.

5- El gobierno federal como los gobiernos estatales han puesto a sus fuerzas de seguridad a obstruir el trabajo monumental que realizan los rescatistas civiles y se encargaron de boicotear y frenar la ayuda nacional que llegaba a los centros de acopio populares. El único objetivo: impedir que la organización popular trascienda esta coyuntura.

6- Las comunidades más afectadas son aquellas que siempre han sido desatendidas, olvidadas y pisoteadas por parte del Estado. La ausencia total del mismo frente al temblor es sólo una huella más del abandono y el desdén al que los gobiernos nos someten para silenciarnos y sumirnos en la pobreza.

7- Evidenciamos que los Ayuntamientos, en estrecha relación con el gobierno de turno, utilizaron la necesidad de la gente como una herramienta de coacción y acarreo. Y al mismo tiempo, inician ya sus planes para lucrar con la reconstrucción de los lugares devastados. La ayuda es desde el pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

8- La presencia masiva de jóvenes ha demostrado su capacidad para organizarse, para desobedecer al régimen y para ponerse al servicio de su pueblo. Una vez más, como lo demostraron con la lucha por la aparición de los 43, se ha demostrado la propia capacidad de la juventud para romper con la autodestrucción, la apatía y el inmovilismo a la que las dinámicas dominantes los mantienen inmersos.

9- Las raíces comunitarias, la organización barrial, local y municipal, se hicieron fuertes y potenciaron el poder del pueblo. Hay un abierto repudio al acaparamiento de víveres, a la intervención del Estado en las zonas afectados, a su control ilegítimo sobre el territorio y la reconstrucción -o mejor dicho: destrucción premeditada- de viviendas. Los enfrentamientos con altos mandos, el choque con policías y militares es parte de esa desobediencia.

10- Tras la catástrofe, estamos en un momento de florecimiento popular, de control de carreteras, de caminos, de calles, ciudades y poblados. Las decisiones sobre cómo distribuir, cómo destruir y construir, cómo organizarnos, en definitiva: cómo vivir, están de nuestro lado.

11- Mientras tanto, quienes administran nuestros recursos, nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestra agua y nuestra tierra siguen mirando para otro lado y, aprovechándose de la ayuda popular, continúan sin dar respuestas concretas a las demandas planteadas. Ellos, los criminales, los negligentes, los ladrones, los canallas, siguen durmiendo tranquilos, siguen viviendo del erario o hasta de los víveres que nunca llegaron.

12- La demanda es clara: control popular de los recursos que administra el Estado para la reconstrucción de los pueblos.

13- Con el temblor el pueblo mexicano ha tomado conciencia de su fuerza. Juntos somos invencibles.

14- Estamos viviendo un momento de rebeldía generalizada, de desobediencia civil. El rechazo a “volver a la normalidad” es prueba fehaciente. Las nuevas formas de organización a mediano plazo y redes de apoyo entre ciudades y pueblos son formas potentes de lucha.

15- Asumir el control del país, su gobierno, bajo nuevas bases y reconstruir el país desde las comunidades es la única opción viable para no regresar más a la “normalidad” de la injusticia, los asesinatos, las desapariciones, los feminicidios. Para no volver a que otro fenómeno natural se convierta en una gran tragedia que evidencie una vez más la pobreza, la superexplotación, los fraudes inmobiliarios, etc.

16- Quienes desdeñan la organización popular, la rebeldía, la lucha gente y consideran que las revoluciones son imposibles o asuntos del pasado, tendrían que darse cuenta que lo vivido en estos días es la experiencia más cercana a una revolución, que en tiempos recientes hemos presenciado.

17- Porque quienes nos gobiernan actualmente prefieren vernos muertos a organizados, a tres años de la desaparición de nuestros 43 denunciamos más que nunca: ES EL ESTADO.

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